Con el cierre de septiembre, el mes en que Santa Cruz conmemora sus efemérides, el pueblo cruceño ha reafirmado su confianza en un futuro más prometedor, enfocándose en un objetivo compartido: la búsqueda de una mayor prosperidad a través de un modelo de producción y exportaciones. Este enfoque no solo se limita a lo económico, sino que representa un consenso generalizado sobre la dirección a seguir para alcanzar el progreso.
La esencia de esta construcción colectiva radica en un fuerte compromiso con una cultura laboral orientada a la producción, que se relaciona estrechamente con el ámbito rural y la integración en los mercados tanto nacionales como internacionales. Esta actitud ha permitido que Santa Cruz logre niveles de desarrollo social y económico destacados en Bolivia, evidenciándose en eventos anuales como la Expocruz, que simboliza la búsqueda conjunta del avance tanto individual como colectivo, un pilar fundamental de la identidad cruceña.
Un legado histórico de progreso y colaboración.
El concepto de progreso y cohesión social en Santa Cruz tiene raíces profundas. Por ejemplo, en 1825, durante la fundación de Bolivia, el cabildo de Santa Cruz de la Sierra dio instrucciones a sus representantes para abogar por una república independiente, fundamentada en un sistema democrático y una Constitución que protegiera los derechos ciudadanos. Este mandato original ya promovía la idea de una clara separación de poderes y la inclusión de las provincias en la estructura gubernamental.
Además, estas orientaciones incluían la creación de instituciones educativas y el impulso del libre comercio como un camino hacia la prosperidad. Se enfatizaba la necesidad de construir infraestructuras que permitieran a Santa Cruz superar su aislamiento, facilitando el desarrollo agrícola y la producción manufacturera. La conexión internacional también era considerada vital, con propuestas de comercio con Portugal (hoy Brasil) y la apertura de rutas hacia Paraguay.
Casi un siglo después, en 1904, se presentó el Memorándum que buscaba unir a Santa Cruz con el resto del país y el mundo a través de ferrocarriles, aprovechando las vías fluviales del país. Este documento subrayaba que Bolivia no debía ser vista solo como un país minero, sino que debía reconocer sus diversas zonas y potencialidades, promoviendo un equilibrio entre Oriente y Occidente, y defendiendo que el progreso debía ser un esfuerzo conjunto y armónico para el bienestar general.
Las luchas por regalías, la descentralización y la autonomía que han marcado la historia reciente de Santa Cruz son, en esencia, continuaciones de esa búsqueda por la libertad y el progreso. A través del denominado "modelo cruceño", el departamento ha encontrado su ruta hacia el desarrollo, cada región debe encontrar la suya, adaptándose a sus realidades y potenciales, para alcanzar un verdadero avance en una Bolivia rica en diversidad.