Nacido el 23 de marzo de 1926 en Santa Cruz de la Sierra, Osvaldo Monasterio Áñez fue un influyente empresario que contribuyó al crecimiento económico de la región. Desde muy joven, a los 19 años, fundó su primera empresa, que marcó el inicio de su prolífica carrera en el ámbito empresarial.
Jorge Arias Lazcano, expresidente de Cainco, lo describe como un empresario con una visión excepcional, convencido de que Santa Cruz debía evolucionar de su carácter de ‘aldea’ hacia un desarrollo integral, siempre enfocado en el potencial de su gente.
Monasterio fue uno de los fundadores del Banco Santa Cruz en 1966, impulsando la necesidad de contar con una entidad financiera local que buscara transformar el sistema bancario nacional. Javier Suárez, vicepresidente del Banco Ganadero, destaca su papel crucial en la internacionalización de esta institución.
Un aspecto notable de su liderazgo fue su habilidad para rodearse de los mejores profesionales, permitiendo que cada uno desarrollara su talento. Su nieto, Carlos Krutzfeldt, actual presidente de la Federación de Empresarios Privados de Santa Cruz, enfatiza su talento para reconocer y potenciar lo excepcional en las personas que lo rodeaban.
Un legado familiar y ganadero
Osvaldo se casó en 1951 con Lesma Nieme Hurtado, con quien tuvo cuatro hijos. Su nieta, Irene Monasterio, recuerda momentos entrañables junto a él, destacando su amor por la familia y su disposición para compartir tiempo con sus seres queridos.
La cabaña ganadera Sausalito es una de sus mayores contribuciones al desarrollo de la ganadería en Bolivia. Monasterio trabajó para mejorar la producción cárnica, implementando técnicas de mejoramiento genético y promoviendo la colaboración entre criadores para elevar la calidad del ganado boliviano.
Osvaldo también fue un activo promotor de la organización del sector privado, siendo parte fundamental de la creación de la Cámara Agropecuaria del Oriente (CAO) y el primer presidente de la Federación de Ganaderos de Santa Cruz (Fegasacruz). Su incursión en la política le permitió influir en decisiones importantes, como la creación de la Ley INRA en 1996, que protegió la propiedad de la tierra en Bolivia.
Falleció el 23 de agosto de 2011 en Buenos Aires, Argentina, a los 85 años. Su legado perdura en la forma en que Santa Cruz ha logrado desarrollarse, siempre a través de la diversificación y el fomento de oportunidades para su gente.