Xu Jiayin, el creador de Evergrande, uno de los gigantes inmobiliarios más endeudados de China, fue sentenciado hoy a cadena perpetua y a la pérdida de todos sus bienes, tras ser hallado culpable de múltiples delitos, incluyendo la falsificación de información financiera y el soborno.
El veredicto fue emitido por un tribunal en Shenzhen, donde también se impusieron sanciones económicas significativas: Evergrande Group recibirá una multa de 8.820 millones de yuanes (aproximadamente 1.311 millones de dólares), mientras que su filial principal, Evergrande Real Estate, deberá pagar 7.000 millones de yuanes (cerca de 1.040 millones de dólares).
Otros implicados también son condenados
Además de Xu, el tribunal dictó penas de entre seis y dieciocho años de prisión para cinco altos ejecutivos de la compañía, incluyendo a Zhen Litao y Ke Peng, quienes en su momento fueron presidentes de las dos principales entidades de Evergrande. En total, se emitieron 56 sentencias relacionadas con este caso.
Xu, que en su momento fue el hombre más acaudalado de China y se encontraba cumpliendo arresto domiciliario, había admitido su culpabilidad en abril y manifestó su arrepentimiento por los delitos cometidos.
El tribunal destacó que entre 2016 y 2021, Xu y sus empresas violaron varias leyes, inflando los activos y ocultando pasivos, lo que desencadenó delitos de captación ilegal de depósitos y emisión fraudulenta de valores. La corte consideró que estos actos fueron especialmente graves, afectando profundamente el orden económico del país.
La crisis inmobiliaria en China, que se ha intensificado desde 2021, ha tenido a Evergrande como uno de sus principales rostros. La compañía, con una deuda de unos 330.000 millones de dólares, entró en incumplimiento y ha estado bajo intervención gubernamental desde entonces. Recientemente, la justicia de Hong Kong había ordenado su liquidación, complicando aún más su situación.
La magnitud del escándalo se intensificó cuando se reveló que la filial de Evergrande había falsificado ingresos por más de 78.000 millones de dólares, lo que la convierte en una de las crisis financieras más impactantes desde el colapso de Enron en 2001. Este caso ha llevado a sanciones y suspensiones de importantes auditoras como PwC.