Los ciudadanos de Venezuela están experimentando cortes de electricidad que van de cinco a seis horas diarias, lo que ha generado una fuerte reacción tras el anuncio de la vicepresidenta Delcy Rodríguez sobre un 'plan de ahorro de energía eléctrica y agua'.
Esta iniciativa, presentada el 2 de agosto, busca fomentar el uso consciente de estos recursos, pero la respuesta de la población ha sido de rechazo, dado que están lidiando con un racionamiento forzado que impacta negativamente en su calidad de vida, el descanso y las actividades escolares.
En Maracaibo, estado Zulia, donde las temperaturas superan frecuentemente los 40 grados, los habitantes han reportado cortes tanto en la noche como en el día. Una residente, Gabriela Méndez, expresó su desesperación: 'Esto es una tortura. Los niños toda la mañana sin aire. Si me hubieran avisado, no llevaba a mi hija al colegio'.
Por su parte, en Maracay, estado Aragua, el comunicador Jorge Montenegro compartió su experiencia con apagones de cinco horas diarias desde abril. Muchos ciudadanos, para mitigar el impacto de los cortes, han tenido que invertir en dispositivos como inversores, ventiladores a batería y sistemas de alimentación ininterrumpida (UPS), generando gastos que pueden superar los 700 dólares.
El gobierno atribuye esta crisis al fenómeno climático conocido como 'Superniño' y a los daños ocasionados por los terremotos del 24 de junio. Sin embargo, tanto expertos como ciudadanos argumentan que Venezuela enfrenta una emergencia eléctrica desde 2009, causada por deficiencias en la planificación, una caída en las inversiones y denuncias de corrupción en proyectos inconclusos.
Las redes sociales se han llenado de críticas hacia el gobierno, con usuarios cuestionando la propuesta de ahorro cuando ya están soportando cortes prolongados. Muchos se preguntan si el evitar el uso de electrodomésticos durante las pocas horas de servicio también cuenta como una medida de concienciación.
Mientras la capital, Caracas, aún no enfrenta los mismos racionamientos que otras regiones, la indignación continúa creciendo en las provincias, donde las protestas por el suministro eléctrico se vuelven cada vez más frecuentes.