La Cumbre Espacial de París se enfoca en varios temas clave, entre ellos la exploración espacial, la defensa, y la creciente necesidad de regular la basura espacial. La acumulación de objetos artificiales en la órbita terrestre es una preocupación que ha cobrado relevancia con el aumento de satélites de empresas como Starlink y Amazon. Enrique Fraga, ingeniero de GMV, subraya la urgencia de establecer normativas para evitar riesgos de colisiones y contaminación en el espacio.
En los últimos siete años, la cantidad de satélites en órbita ha crecido ocho veces, alcanzando un total de aproximadamente 16,400. De estos, casi 11,000 pertenecen a Starlink, la empresa de Elon Musk. Fraga advierte que el número podría multiplicarse por diez debido a los planes de expansión de otras compañías y naciones, como China y diversas empresas europeas.
El uso predominante de estos nuevos satélites es para transmitir comunicaciones de Internet, lo que refleja la estrategia comercial de empresas como Starlink y Amazon. También se ha observado un aumento significativo en satélites dedicados a la observación terrestre, especialmente para la prevención de desastres naturales y la investigación científica, así como para fines de defensa geopolítica.
Las colisiones entre satélites son una realidad. Fraga menciona que con el aumento de satélites, se han incrementado las maniobras para evitar choques, ya que ahora es esencial coordinarse entre satélites activos. Este tráfico espacial se caracteriza por la falta de regulación, a diferencia del tráfico aéreo que sigue normativas internacionales.
Uno de los fenómenos preocupantes es el denominado efecto Kessler, donde un choque entre dos satélites puede generar una cantidad de escombros que aumentan el riesgo de futuras colisiones. Actualmente, hay millones de pequeños objetos de basura espacial que representan un peligro, aunque no necesariamente catastrófico, para los satélites operativos.
Respecto a las estrategias para limpiar la basura orbital, existen desarrollos tecnológicos en curso, como el Active Debris Removal, que busca retirar desechos de la órbita terrestre. Sin embargo, aún estamos lejos de contar con un sistema efectivo para gestionar los escombros espaciales, lo que será vital ante el aumento proyectado de satélites en la próxima década.
En términos de regulaciones, Fraga señala que ya existen políticas en Europa y mecanismos de autorregulación en las empresas, como la política "cero debris" de la Agencia Espacial Europea que busca evitar la generación de basura espacial. Sin embargo, la falta de acuerdos internacionales homogéneos complica la situación, penalizando a quienes buscan mantener estándares más rigurosos de seguridad.