El ferrocarril Arica-La Paz, que ha estado fuera de servicio durante 20 años, está siendo evaluado nuevamente como una opción para el comercio exterior boliviano. Se estima que podría mover hasta 400.000 toneladas de carga al año y se propone una operación que combine tren y camión.
La viceministra de Telecomunicaciones, Cynthia Aramayo, explicó que el transporte ferroviario puede coexistir con el transporte por carretera, ya que ambos modos se complementan. "El ferrocarril no realiza el servicio puerta a puerta, eso lo hacen los camiones," indicó.
Aramayo recordó un intento previo de reactivación en 2021, donde se transportaron 422 toneladas de acero desde Arica a Viacha, aunque el viaje de regreso con soya a Chile no se concretó debido a bloqueos por parte de transportistas.
"No vamos a dejar que opere el tren (…) No podemos quedarnos sin trabajo," expresó Pedro Quispe, líder del Sindicato de Choferes Asalariados del Transporte Nacional e Internacional.
Los transportistas argumentan que la reactivación del ferrocarril afectaría a sus empleos, estimando que hasta 50,000 camiones podrían verse impactados. Actualmente, el sector trabaja al 40% de su capacidad, debido a la caída del comercio exterior.
A pesar de la oposición, Aramayo sostiene que el tren no reemplaza el servicio que ofrecen los camiones, sino que permite una logística más eficiente al combinar ambos medios de transporte para completar los envíos.
La historia del ferrocarril Arica-La Paz comienza en 1913, habiendo sido inaugurado como parte de los acuerdos del Tratado de Paz y Amistad de 1904, aunque dejó de operar en 2005 tras problemas financieros de la empresa que administraba el tramo chileno.
El proyecto de reactivación incluye la creación de un nodo intermodal en El Alto y mejoras en la infraestructura existente, con el objetivo de facilitar el transporte de mercancías y diversificar las rutas comerciales para los importadores y exportadores bolivianos.