Angeles García Álvarez, una boliviana que vive en Colombia desde hace más de tres años, vivió una experiencia aterradora el lunes pasado cuando un sismo de 7,4 grados sacudió el país. Mientras dormía, su esposo la despertó alrededor de las 7:30 a.m. debido a la emergencia que duró varios minutos. Afortunadamente, no residen en un edificio de gran altura, por lo que no tuvieron que evacuar, pero la angustia fue palpable mientras intentaban comunicarse con sus seres queridos en áreas más afectadas.
Este ha sido el segundo temblor que siente en su tiempo en Colombia, pero el último fue sin duda el más impactante. Más de 24 horas después del terremoto, las autoridades se encuentran en plena búsqueda de personas que han desaparecido tras el colapso de diversas infraestructuras. Si bien en su ciudad, Bogotá, los daños fueron mínimos, el temor a posibles réplicas persiste.
Angeles compartió que, ante la situación, su familia ha decidido prepararse con mochilas de emergencia que incluyen ropa, alimentos enlatados, agua, documentos importantes y algo de dinero. "Las autoridades piden estar listos para cualquier eventualidad", afirmó en una entrevista con Unitel.
En la capital colombiana, donde reside, las evacuaciones fueron limitadas a ciertos edificios, pero su familia se encuentra bien. Sin embargo, el problema radica en que su esposo, quien es colombiano, no ha podido comunicarse con sus familiares en Pereira, una de las ciudades más afectadas por el terremoto, lo que aumenta su preocupación por su bienestar.