Mundo 30 julio 2026 Por Karen Roca

Reflexiones sobre la independencia peruana en su 205 aniversario

El 28 de julio de 1821 se proclamó la independencia de Perú en Lima, un evento significativo que, más de dos siglos después, todavía suscita interrogantes. Aunque la figura de José de San Martín es emblemática en esta fecha, la proclamación no se tradujo de inmediato en una independencia plena.

En el mismo día en que Lima celebraba, el virrey José de la Serna mantenía bajo su control gran parte del Ejército Real y trasladaba la administración virreinal a Cusco, lo que prolongó la guerra durante tres años más. La independencia efectiva llegó más tarde con la intervención de personajes clave como Simón Bolívar, en las batallas de Junín y Ayacucho, y aún así, el proceso se extendió hasta enero de 1826 con la resistencia del Real Felipe.

La narrativa histórica peruana tiende a enfatizar la proclamación de San Martín, a menudo relegando a Bolívar y Sucre a un segundo plano, lo que complica la comprensión del proceso de independencia. Algunos discursos presentan a Bolívar como un actor que “desmembró” al Perú al facilitar el nacimiento de Bolivia, sugiriendo que este último sería una simple extensión del primero. Sin embargo, esta afirmación no se sostiene al analizar los antecedentes históricos.

El territorio que hoy conocemos como Bolivia era parte de la Real Audiencia de Charcas, que desde 1776 formaba parte del Virreinato del Río de la Plata. Su regreso a la jurisdicción limeña durante la guerra fue excepcional y no solicitado. Curiosamente, entre 1810 y 1815, el nombre predominante en documentos oficiales era “Charcas”, y el término “Alto Perú” apareció más tarde.

Esta cuestión de nomenclatura no es meramente semántica; los nombres y relatos que construimos influyen en nuestra memoria colectiva. Algunos sectores en Perú tienden a considerar a Bolivia como una prolongación histórica, lo cual se traduce en reclamos sobre expresiones culturales que, en ocasiones, se ven usurpadas.

El surgimiento de Bolivia no fue simplemente un desprendimiento del Perú, ni la independencia peruana se logró únicamente a través de San Martín. Ambos países emergieron de un conflicto continental, aunque tomaron caminos distintos hasta convertirse en repúblicas soberanas. Por lo tanto, es fundamental revisar las narrativas a partir de las evidencias históricas y no ajustar los documentos a relatos convenientes. La historia no se rige por nacionalismos simplistas, y los documentos históricos son más contundentes que cualquier interpretación.

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