Los transportistas de combustibles por cisternas han decidido implementar un paro nacional que comenzará el lunes 24 de agosto. Esta medida surge por la falta de pago de Yacimientos Petrolíferos Fiscales Bolivianos (YPFB) y por la necesidad de ajustar los precios de los fletes ante el incremento de los costos operativos.
Sergio Kosky, líder del sector de cisterneros, manifestó su preocupación por el incumplimiento de acuerdos firmados anteriormente con YPFB, lo que ha escalado la tensión en el sector del transporte de carburantes. La paralización podría tener serias repercusiones en el abastecimiento de gasolina y diésel en un país que ya enfrenta problemas de distribución.
Este anuncio de paro se da en un contexto complicado, donde los camiones cisterna son esenciales para el suministro de combustible en las estaciones de servicio. Cualquier interrupción en sus operaciones podría generar una crisis de abastecimiento en las ciudades, donde aún persisten filas por la escasez de carburantes.
La situación tiene su origen en un acuerdo firmado entre YPFB y los cisterneros el 9 de julio, donde se comprometieron a saldar deudas correspondientes a los meses de marzo y abril. Sin embargo, este compromiso no se ha cumplido, llevando nuevamente al sector a protestar.
La solicitud de los cisterneros incluye no solo la regularización de los pagos pendientes, sino también la necesidad de actualizar las tarifas de flete, un tema crítico en un momento donde los costos de operación han aumentado considerablemente. Esto se debe a factores como mayores tiempos de espera y problemas logísticos.
Adicionalmente, un nuevo esquema de precios para el diésel, que entró en vigor el 17 de agosto, ha incrementado el costo para los grandes consumidores, lo que afecta directamente a los transportistas. Este aumento de precios, que se estima en un 84%, añade presión sobre las tarifas de transporte, complicando aún más la situación del sector.
Mientras el Gobierno intenta normalizar la situación del abastecimiento, la amenaza de paro por parte de los cisterneros se convierte en un nuevo desafío. Esto podría afectar no solo la disponibilidad de combustibles, sino también la logística necesaria para su transporte en un país donde ya se habían experimentado bloqueos que dificultaron aún más la llegada de carburantes a los puntos de venta.
La cuenta regresiva para llegar a un nuevo acuerdo se ha iniciado, y si no se logra resolver la situación antes del inicio del paro, podría haber graves consecuencias para el sistema de distribución de combustibles en Bolivia, donde el transporte terrestre sigue siendo fundamental para la llegada del carburante a los surtidores.