Sociedad 4 noviembre 2026 Por Marcelo Vaca

La búsqueda de la felicidad requiere una sociedad comprometida

El debate sobre la democracia y el funcionamiento del Estado pierde sentido si no se enfoca en mejorar el bienestar de la sociedad. La felicidad personal debería ser respaldada por un entorno social y un Estado que garantice acceso a salud, educación, empleo digno, vivienda y protección de las libertades. Sin embargo, muchas veces estos objetivos se ven empañados por discursos políticos que desvían la atención de las urgencias reales.

Es crucial combinar el esfuerzo colectivo con una economía de escala que aporte conocimientos y experiencia administrativa. La gestión debe ser eficiente y suficiente para cumplir con las responsabilidades, y no se puede ignorar la corrupción y la ineficiencia que obstaculizan estos objetivos. La proliferación de noticias sobre corrupción en la función pública resalta un problema que debemos reconocer y cambiar como sociedad.

La necesidad de recuperar prácticas que garanticen que el ejercicio de la función pública se base en méritos es urgente. Históricamente, pensadores como Confucio defendieron que los gobernantes deben ser elegidos por su conocimiento y ética, y no por su linaje. En la actualidad, hemos confundido la democracia con un derecho a ocupar cargos públicos sin la preparación adecuada, lo que resulta en decisiones que no siempre son las más acertadas.

No podemos quedarnos en la crítica sobre las oligarquías que han impuesto condiciones de discriminación y sectarismo. En la era de la inteligencia artificial y la competitividad, aceptar la ignorancia como excusa para la pobreza ya no es válido. Debemos exigir más de nuestros gobernantes y del sistema político.

Frases históricas como "El pueblo quiere saber de qué se trata" de la Revolución de Mayo y "¿Qué están haciendo con mi plata?" en Porto Alegre son recordatorios de que la transparencia y la rendición de cuentas son fundamentales. Bolivia ha abordado este tema con la Participación Popular desde 1994, creando un espacio para la gestión pública que empodera a la ciudadanía.

A pesar del desánimo actual y la aparente ineficacia del Estado, es esencial reconocer que estamos invirtiendo en una sociedad más sana. El compromiso de las personas honestas y trabajadoras es clave para avanzar hacia un futuro mejor, como sugiere el pensador Felipe López García, y como se menciona en el Eclesiastés: "A todo le llega su tiempo".

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