A medida que se acerca el 2 de noviembre, día de Todos Santos, las familias bolivianas acuden a los cementerios para acondicionar los mausoleos de sus seres queridos. Tienen plazo hasta el 27 de octubre para llevar a cabo estas actividades, aprovechando así el tiempo para dejar todo listo para la festividad.
Con escobas y paños en mano, los visitantes realizan trabajos de limpieza y mantenimiento en los nichos. Es un momento significativo que se vive con profunda emoción y nostalgia, ya que se espera la visita de los espíritus de los difuntos durante esta fecha especial.
"Claro, ya que en esas fechas nos vienen desde arriba para visitarnos, los seres queridos. En parte mía es de mi padre y mi hermano".
La conexión emocional que genera esta tradición es intensa. Una mujer compartió su experiencia al recordar la pérdida de su padre: "Mi padre se fue y fue un dolor muy grande para mí, me agarró casi depresión. Ahora tengo un hijo hermoso que me mandó mi padre. Yo digo que mi padre me mandó eso. Estoy dichosa de eso. ¿Qué más puedo decir?".
Entre flores, recuerdos y el trabajo comunitario, las familias se preparan para honrar a aquellos que ya no están. Esta festividad no solo mantiene vivos los lazos familiares, sino que también es una oportunidad para reflexionar sobre la memoria de quienes marcaron nuestras vidas.