Esta semana concluye el juicio por la muerte de Diego Maradona, que ocurrió en 2020, con la discusión aún abierta sobre si su deceso fue inesperado o producto de una negligencia durante su tratamiento en casa. Siete integrantes de su equipo médico enfrentan cargos de homicidio con dolo eventual en un tribunal de San Isidro, al norte de Buenos Aires.
La familia de Maradona y la fiscalía argumentan que su deterioro de salud, que llevó a su fallecimiento a los 60 años por un paro cardiorrespiratorio y edema pulmonar, era tratable. Los abogados de su hija Jana afirmaron a la AFP que las señales de alerta eran evidentes y que no se tomaron las medidas adecuadas.
El abandono de un ícono del fútbol argentino
El fiscal Patricio Ferrari aseguró que los acusados dejaron a Maradona desprotegido y lo condenaron a muerte. Un médico forense estimó que el exfutbolista podría haber estado agonizando durante aproximadamente 12 horas. Los imputados, sin embargo, argumentan que el desenlace era impredecible y rechazan las acusaciones en su contra.
El principal acusado, el neurocirujano Leopoldo Luque, declaró que la muerte de Maradona fue consecuencia de un evento súbito y agudo que no se podía prever. El tribunal comenzará a escuchar los alegatos finales de ambas partes y emitirá su veredicto en breve.
Condiciones de internación y promesas incumplidas
El juicio también ha analizado las condiciones en la casa donde Maradona fue internado en Tigre, a 20 kilómetros de San Isidro. Sus hijas han afirmado que fueron engañadas por los médicos, quienes les prometieron asistencia adecuada que nunca se cumplió. Dalma Maradona, la hija mayor, expresó que no recibieron las ayudas que se les habían prometido, como terapeutas y equipamiento médico.
Durante el juicio, la falta de insumos médicos y la idoneidad de la internación domiciliaria fueron temas debatidos. Algunos testigos consideraron que el lugar era inapropiado, aunque otros indicaron que Maradona no habría accedido a permanecer en una clínica tras la neurocirugía a la que se sometió el 3 de noviembre de 2020.
El estado de salud de Maradona en sus últimas horas es otro aspecto criticado en el juicio. Se han presentado testimonios que afirman que el exfutbolista tenía edemas visibles, lo que indicaba un problema cardíaco grave que no fue atendido adecuadamente. Sin embargo, hubo discrepancias entre los testigos respecto a la visibilidad de estos síntomas.
Los acusados incluyen a Luque, la psiquiatra Agustina Cosachov, el psicólogo Carlos Díaz y la coordinadora de la atención médica por parte de la empresa de salud Nancy Forlini. Cada uno ha presentado su defensa, argumentando distintos puntos sobre su grado de responsabilidad en la atención a Maradona.
Luque ha insistido en que su papel fue únicamente como neurocirujano y no como responsable del seguimiento del exfutbolista. Por su parte, la defensa de Cosachov sostiene que su trabajo se limitó a lo psiquiátrico, mientras que Forlini asegura no haber recibido las solicitudes necesarias para proveer el equipo médico que Maradona requería.
Díaz es acusado de haber conspirado para aislar a Maradona y evitar que recibiera la atención adecuada. Sin embargo, su defensa argumenta que nunca tuvo influencia sobre las decisiones médicas o de enfermería relacionadas con el tratamiento del ícono del fútbol.