Después de un comienzo optimista en 2026, el turismo receptivo en Bolivia ha experimentado una desaceleración notable desde mayo, enfrentando dificultades debido a la escasez de combustible y la inestabilidad en las políticas públicas que se implementarán.
Aunque entre enero y abril se registró la llegada de 510.854 turistas extranjeros, un aumento del 31,1% en comparación con 2025, en mayo la cifra cayó a 65.278, lo que representa una disminución del 23,7% en relación al mismo mes del año anterior.
Luis Ampuero, presidente de la Cámara Boliviana de Turismo (Cabotur), advirtió que los bloqueos han perjudicado las expectativas de crecimiento, señalando que Bolivia aún no logra alcanzar los niveles de visitantes que tenía en 2019.
El efecto de los conflictos sociales se extiende más allá de los días de bloqueo, afectando las reservas y provocando cancelaciones que impactan en la actividad turística a largo plazo. Esto deteriora la imagen de Bolivia como destino turístico, lo que lleva a los viajeros a modificar sus planes.
El turismo es vital para la economía del país, especialmente en términos de generación de divisas. En 2025, el gasto de los visitantes extranjeros alcanzó los $us 819 millones, comparado con los $us 740 millones de 2024, lo que resalta la importancia de este sector como una cadena de valor.
El cierre del Ministerio de Turismo Sostenible y Culturas añade incertidumbre al sector, ya que no está claro cómo se continuarán las políticas existentes, como la promoción del turismo y la gastronomía boliviana.
La falta de diésel también se ha convertido en un problema crítico para el turismo, afectando el transporte y aumentando los costos, lo que repercute en toda la cadena turística, desde agencias de viaje hasta restaurantes y guías.